El trabajo de Manuel iba creciendo por suerte (para él, claro está). Cada vez estaba más ocupado, cada vez más ausente. Llegaba bastante tarde a casa a causa de los eventos, los cuales eran cada vez más seguidos. Como dije al principio, era la novia mas soltera. Creo que ya el título de novia no aplicaba a la realidad que vivíamos. Sin embargo, seguíamos.
También estaba poniéndose distante. No llamaba, no escribía. Toda inciativa de hablar o vernos debía nacer de mí. ¿Su excusa? Colgaba. Me preguntaba, interiormente, con tanto cuelgue, cuanto le faltaría para convertirse en percha (mi aspecto sarcástico resistía a pesar de todo). Sus excusas me resultaban patéticas, débiles, sin asidero. Pero las aceptaba. Y esa era mi elección en ese momento. Manuel me podía. Lo que voy a contar a continuación, va a demostrar cuanto poder tenía sobre mí:
Cuando estábamos juntos se la pasaba con su celular, buscando información en internet sobre otros eventos (a modo de investigación para saber lo que estaba In y lo Out), diseñando folletos, siempre focalizado en su trabajo y no había espacio para mucho más. No había espacio para mí, en realidad. Su novia pasaron a ser sus compañeros, su trabajo, la vida misma, menos yo.
Yo soportaba, y soportaba, hasta que un día, le expliqué (atiendan esto: No pelee, no discutí, EXPLIQUE) que la verdad era que me gustaría que NO ME IGNORARA y que al menos deje el celular por un rato mientras estábamos juntos. Era muy poco el tiempo que estábamos compartiendo, y realmente necesitaba (quería) un poco de su atención.
A veces lo hacía. Otras no. Las no, eran con la excusa de que había cosas que decidir si o si ese mismo día sino se venía el apocalipsis laboral. El celular se había transformado en parte de él. Bravo, otro elemento que me corría de la escena. Que suerte que nuestro sexo seguía siendo poderoso, al menos teníamos eso. A veces llevarse tan bien en la cama, hace que uno siga pateando los problemas debajo de la alfombra y creyendo en los espejitos de colores.
Yo bancaba toda esta situación, chistaba de vez en cuando. Era mas lo que callaba, que lo que decía, de a poco me iba envenenado por dentro. ¿Cuales eran mis excusas para soportar todo esto?
"Esta creciendo en su carrera. Es ahora o nunca."
" Ya va a tener tiempo para mi. Ahora necesita sus tiempos. Es un tipo solitario. Así es él"
" Yo decidí apoyarlo."
Ay Sofía. Ay Sofía. Que crédula resultaste.
Todo se mantuvo igual, hasta que un día, el apocalipsis llegó, a nuestra pareja y a mi interior.
Notaba que Mariela estaba cada vez más cerca de Manuel. Ya no se trataba de trabajo. Se empezaron a disparar todas las alarmas dentro mío. Ella parecía pegada a él, a todos lados juntos, casi como siameses. Donde estaba él, estaba ella. El cambió su crítica por halagos. Cada dos por tres, me enteraba que se reunía solo con Mariela, que se contaban cosas, como buenos amigos. Pasaron de ignorarse por completo a ser los mejores amigos de la vida.
Todo era demasiado raro. De golpe ella comenzó a estar demasiado presente. El demasiado pendiente de ella. "Me cae bien Mariela" decía de golpe. Ella lo abrazaba, le hablaba al oído, lo tomó de confidente y compinche.
Dicen que del amor al odio hay un solo paso. Se ve que al revés también funciona.
Los celos, comenzaron aparecer. Yo notaba intenciones de parte de ella. Entre mujeres nos conocemos, y ella claramente estaba provocandolo y él lo estaba permitiendo. Se lo conté a mis amigas, una me dijo que eran fantasmas míos. Otra que siga mi intuición. Las novias de los compañeros de Manuel, al principio me miraban como si estuvieran loca, hasta que un día, en una reunión que tuvimos solo nosotras, me confesaron que ellas estaban viendo lo mismo: Mariela estaba demasiado cerca de Manuel, a tal punto, que le habría prohibido a su novio que la lleve o la vaya a buscar a los eventos. Claro, ya los dados estaban tirados... Solo era cuestión de tiempo.
Hoy, cuando miro para atrás, todo resulta tan claro, que no puedo creer que me haya dejado engañar de semejante manera.
Enamorada. Me dijeron que tenía esa enfermedad: Enamoramiento crónico con secuelas de ceguera permanente.
Al hablarlo con Manuel, me trató de loca. Que estaba viendo cualquier cosa, que nada que ver, que ella estaba de novia también, que odiaba la escena de celos. Se enojaba conmigo, y yo me terminaba sintiendo culpable y una tonta por plantear semejante cosa. ¿Cómo pude YO, dudar de ÉL?
Entonces empecé a callarme lo que veía, lo que sentía. Comencé a enfermarme. Cada dos por tres caía enferma por días. Empecé a engordar, a sentirme fea, cada vez reía menos, dormía poco, sufría mas.
La cercanía entre ellos crecía, así como los rumores, las afirmaciones alrededor, y las miradas de "Pobre sofía" hacia mi persona.
De golpe, era "Pobre Sofía"... No hay orgullo que soporte tan despectivo sobrenombre.
Los celos me generaban muchísima inseguridad. Manuel estaba cada vez más lejos de mí, y sentía rechazo por su parte. La mayor parte del tiempo me sentía fuera de mi eje, preguntándome si realmente estaba loca, viendo cosas que no eran o si mi intuición estaba en lo cierto. Se creaba el círculo vicioso: Mi inseguridad, mi planteo, su hastío, su rechazo, mi culpabilidad, su aislamiento con excusa, mi tristeza, la charla, el hablar de terminar, no, volvamos a elegirnos.
Enfermante.
Lo poco que quedaba de mí, empezó a desaparecer. Me miraba al espejo, y no reconocía nada de mí. Mi mirada estaba completamente apagada. Mi concentración era nula. No soportaba estar en ningún lado, con nadie. Solo quería que el malestar que tenía creciendo dentro mío se esfumara. Quería que mi pareja se recuperara. Quería volver a sentirme feliz a su lado.
Las alarmas seguían disparándose. Mi cuerpo me seguía gritando. Yo me seguía enfermando.
Pero creía en el amor (¿hasta cuando nena?), y me convencí que valía la pena aguantar, que en algún momento las cosas iban a cambiar.
Era mas fácil creer que yo era la que estaba mal, la que veía fantasmas, antes que pensar que el me estaba mintiendo, engañando. Había perdido toda confianza en mí misma.
Un día, no soporté más, y le dije de terminar. Me dijo que no, que quería estar conmigo, que elegía nuestra pareja, etc, etc. Unas semanas duró el cambio y luego volvió a lo mismo.
Las peleas empezaron a ser cada vez más frecuentes. Por primera vez, en nuestra pareja peleábamos. Lo que nunca en la vida, empecé a reclamar cada vez mas seguido: Atención, cariño… como si tuviese 5 años.
Esto me enfurecía. ¿Cómo YO estaba reclamando? ¿Cómo podía ser que tuviese que reclamar algo que debía ser natural? ¿Cómo había llegado a ser yo tan diminuta? ¿En que momento nos habíamos desconectado tanto?
El abismo se expandía. El chisme crecía. Entramos en el famoso camino sin retorno. Nuestra relación ya estaba demasiado astillada. Se sostenía vaya a saber por qué milagro del universo. Carente de bases, con faltantes de verdades, con mas dolor que alegrías, la relación estaba destinada a hundirse como el titanic.
Yo estaba demasiado cansada. Triste. Inquieta. Alerta. Pero sobre todo, cansada.
Antes de que me juzguen quiero que se sitúen en esta escena: Su novio, el amor de su vida (hasta ese momento), te rechaza. No te dice ya te amo, no te dice que estas linda cuando te producís, no presta atención a las cosas que pasan en tu vida, se la pasa casi todo el tiempo al lado de otra mujer, en situaciones que son fáciles de malinterpretar, los chismes corren, no te llama, ya de casualidad sabes dónde está, porque no comparte mucho con vos, pendiente de otras cosas, siempre ocupado. Ya no deja que lo acompañes a ningún lugar, y para rematarla, te dice que todavía no está dispuesto a formalizar, después de años, porque no está preparado, porque tiene miedo, y no se cuantas excusas pavas mas.
¿En mi lugar, ustedes que pensarían?
Durante noches, me iba a dormir pensando en que debía terminar la relación, que yo así no podía más. Pasaba más días de la semana sintiéndome mal, que bien, y realmente planeaba en irme de la relación. Pero no me animaba realmente. No tenía los ovarios necesarios. Estaba tan desarmada, que mi poder de decisión era nulo. Pasé de ser una mujer que pisaba fuerte, que tenía alma de líder, una guerrera nata, a alguien que no podía decidirse si quería té o café por la mañana. Un horror. Sentía vergüenza de mi misma.
Los celos, las mentiras, el rechazo destruyen a quien los padece. Y apaga cualquier alma que los albergue.
Cuando el río suena, es porque agua trae.
El no escucharme fue lo peor que pude haber hecho, fue lo que terminó por debilitarme por completo. Si tan solo me hubiese escuchado... Cuanto me arrepiento de no haberlo hecho y de no haberme sacado la venda de los ojos.
Me hubiera salvado de lo peor que me tocó vivir después de nuestra ruptura...
Porque no... todavía no había tocado fondo. Faltaba mucho polvo por morder.

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