Luego de que Manuel se fuera, no pude dormir. Simplemente no podía dejar de llorar. Eran las 7 de la mañana y simplemente no dejaba de llover. Creo que a la distancia voy a recordar (ojalá que no) ese día, como el mas triste que he vivido en mi corta vida. Todo estaba dispuesto: La ruptura, la lluvia, la soledad.
Decidí que no iba a quedarme entre las cuatro paredes de mi habitación. Me levanté, y caminando bajo la lluvia me dirigí a la casa de mi mejor amiga; Beatriz. Golpee su puerta, ella abrió dormida. No hizo falta las palabras, y recibí el abrazo mas amoroso y compasivo que pudiera haber esperado. Lloré sin emitir palabra por un rato largo. Ella fue quien dió el aviso a Laura, quien enseguida me llamó por teléfono. En cuestión de minutos, se creó una red de contención y amor, en las cercanías, a la distancia, mas grande de lo que yo hubiera pensado. "Cuanta gente que me quiere" pensé. Quieras o no, eso reconforta mucho cuando se está pasando un momento así.
Cerca del mediodía, tomando coraje, aún sin poder creer lo que estaba pasando, llamé a Manuel. No iba a esperar que el me llamara, no quería alargar mas la agonía de todo esto. Le pregunté si seguía decidido a romper, y me dijo que si. Que le parecía la mejor decisión.
"La mejor decisión. Para él, claro"-Pensé- (aunque a la distancia, reconozco, que si lo fue. En eso, tenía razón)
Le dije que por la tarde le iba a llevar las cosas que tenía en mi casa, para poder así dar por finalizado todo.
Con Beatriz volvimos a mi departamento, luego se nos unió Laura. Seguía lloviendo. Ya parecía un chiste por parte del cielo. Junte unas bolsas y me dispuse a guardar sus cosas. Seis bolsas llena de ropa y otras cosas. Pensar que le había hecho un lugar en mi abarrotado departamento. Creo que fue una forma metafórica para decirle que le daba lugar en mi vida. Hasta las llaves le dí. Que tenía yo en su casa? Mi foto, y creo que un cepillo de dientes que me olvidé alguna vez.
Ahí caí en la cuenta en la unilateralidad de la relación. Me había jugado, apostaba a algo, del otro lado no.
Recuerdo que mientras llenaba las bolsas, mi amiga Beatriz sacaba todas las fotos de nosotros de mi casa. Así, en un par de horas, el paso de él por mi vida, había quedado completamente borrado de mi casa, de los rincones. Los recuerdos, el corazón se hicieron pesados. Todo pesaba. Estaba tan cansada. Tanto, que pensaba que no iba aguantar hasta el final del día.
Terminamos de juntar todo. Observé como partes de el habían sido embaladas, para no volver. Se sintió tan real que sentí que algo me aplastó el pecho.
Laura se ofreció a llevar ellas las cosas y pedirle la llave. Me negué. Ilusa. Tenía la esperanza que si nos volvíamos a ver, se iba arrepentir de la decisión tomada, y todo iba a volver a la normalidad. Una normalidad que me dolía, pero tantos años costaban ser dejados irse así de un momento a otro.
Me llevaron hasta su casa. Me abrió la puerta. El cuerpo me temblaba como una hoja; era una mezcla de nervios, el estar sin comer, sin dormir, hacía todo un poco mas difícil.
Recuerdo que hablamos, discutimos. Lloramos, nos abrazamos, me pidió perdón. Me pidió que por favor no lo recuerde mal. Le dije todo lo que lo iba a extrañar, lo que lo amaba. En un momento terminamos abrazados en su sillón, y mientras el me besaba la frente, me daba cuenta que el calor de su abrazo era algo que ya nunca mas iba a sentir. Cerré los ojos, esperando que el tiempo se detuviera, para que mi memoria pudiese grabar como se sentía ese abrazo.
Puede parecer tonto; pero yo amaba demasiado (eso sentía al menos, en ese momento) a Manuel. El amor nos vuelve un poco tontos y ciegos, a veces.
"No se que siento", "Necesito tiempo", "tal vez mas adelante me de cuenta que sos la mujer de mi vida, y te vuelva a buscar, pero por ahora, esto es lo mejor. Vas a ver que vamos a estar bien" Repetía Manuel sin cesar.
Le pedí mis llaves, se sorprendió. Me sorprendió que le sorprendiera. Tal vez las habrá querido de souvenir? Habrá tenido la idea de volver alguna vez? La costumbre de llevarlas en su llavero? Vaya una a saber.
Me despidió con un beso y un abrazo. Volví a mi casa sola, en un taxi. Y como siempre pasa en estas situaciones, la radio se encargó de musicalizar el momento con la canción mas triste que había disponible. Ay, la vida, ay. Que estuviera sonando una canción así me causó gracia, parecía a propósito.
Al llegar a mi casa, estaba Beatriz. Debo admitir que al verla sonreí. Algo dentro mío me dijo que no todo estaba tan mal; Que iba a estar cuidada, que podía dar el lujo de caerme, ya que no solo Beatriz estaba para sostenerme, tenía a muchas personas que me amaban lo suficiente como para poder desarmarme tranquila.
Al llegar la noche, la lluvia cesó. Beatriz me hablaba de cosas banales para mantenerme distraída, algunas funcionaron, ya que me hicieron reír. Esa noche, ella se quedó a dormir conmigo. Cuando apagué la luz, la realidad me golpeo mas fuerte que nunca: La cama se me hizo gigante. Ya no iba a compartir mis noches con él, ni mis despertares. Suspiré mas fuerte que nunca.
Sentí algo muy fuerte en ese momento: Lo iba a extrañar en mi cama, en mi vida, en y sobre mi cuerpo e iba a tener que aprender a vivir con eso.
El daño ya estaba hecho. Solo me quedaba aceptar el hecho y esperar que el tiempo curase las heridas.
Pero con el correr de los días, iban a sucederse muchas cosas que me iban a obligar a salir de mi zona de confort y enfrentarme a todo aquello que no quise ver por mucho tiempo. Sería un camino muy duro, lleno de decepciones, situaciones maravillosas, felicidades, con personas mágicas, que iba a traerme la mayor recompensa que podía esperar: El reencuentro conmigo misma.
Y así empezó mi viaje al centro de mi misma, el re descubrimiento de mi núcleo, de mi alma.
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