Llegó la noche, Manuel me avisó que iba a llegar a determinada hora. Terminó llegando una hora mas tarde. Cuando escuché la puerta abrirse, me invadió un sentimiento de molestia que me sorprendió. Tanto fue el malestar, que tenía ganas de pedirle que se fuera. Internamente, me pregunté que me estaba pasando. No hubo respuesta. Solo cansancio. Entró, me sonrío y me besó automáticamente, como muchas veces pasa (pasa?) en una relación de muchos años.
Mientras el se descambiaba, lo escuchaba contarme de su noche, pero no podía evitar o mejor dicho, espantar esa molestia que crecía en mi interior. Lo miraba, y solo podía escuchar a mi cuerpo manifestar el malestar que venía arrastrando desde hacía meses. Durante mucho tiempo, tuve la intuición de que el me engañaba. Pero siempre me convencía que eran fantasmas míos, y el se encargó muy bien, de hacerme sentir que estaba loca por sospechar eso. Les aviso desde ahora, no estaba errada, pero esa es una historia que dejo para mas adelante.
Ya nada era lo mismo. Por primera vez desde años, durante un tiempo prolongado, me iba a dormir pensando si no era mejor cortar nuestra relación. El estaba ocupado la mayor parte del tiempo, cada vez lo sentía mas lejos, y sentía que luchaba sola por mantener la relación a flote. Lo veía cómodo, muy encismado en su cosas, y me daba cuenta que yo no tenía mucho lugar en su mundo. Lo mas irónico (y digo irónico, porque se lo permití) es que me lo hacía notar sin tapujos. Con el pasar de los días, sentía que entre nosotros se abría un abismo cada vez mas grande, cada vez mas difícil de sortear.
No sé cuando fue que nuestros caminos se bifurcaron, pero la persona que tenía descambiándose frente a mí, no era la misma de la cual me había enamorado. En ese momento me cuestionaba si estaba enamorada, o solo aguantando... Suena feo, lo sé, pero simplemente no lo dejaba porque alguna parte de mi sentía que existía algo por qué pelear.
Manuel seguía contándome sobre sus cosas, gesticulaba sin parar, yo preguntaba como siempre sobre como le había ido, y hablábamos de las cosas de siempre. Solo que yo sentía que nada era ya lo que tenía que ser.
Corría la madrugada, sinceramente no sé bien que hora era, pero tuve la urgencia de comenzar hablar sobre nuestro futuro. No era momento, no era el lugar, nada estaba predispuesto para que algo bueno salga de esa charla. Lo presentía. Soy una persona muy intuitiva, déjenme decirles, y raramente me equivoco. Entonces; Por qué seguí adelante? Porque necesitaba que explotara. Necesitaba sacarme el gran peso que llevaba desde hacía tiempo. La conversación se dió mas o menos
así:
- Amor, me gustaría realmente que buscáramos la manera de vernos mas. De estar mas juntos. Tu trabajo sigue en aumento y es muy bueno eso. Pero me gustaría que estuvieras mas presente en la relación, porque tengo miedo de que esto nos perjudique y nos vaya alejando... Realmente no me gustaría que eso pase.
Manuel se mantenía en silencio. Mirando el techo. Muy pocas veces me dirigía la mirada. Ya estaba jugada, así que seguí hablando. Como dije, necesitaba que explote. Necesitaba liberarme, expresarme, dejar de sentir la opresión en mi pecho, que tantas lágrimas me había causado al irme a dormir noche tras noche.
- Te siento muy lejos. Me mata no saber como sortear esa distancia. Siento que cada vez que me acerco, encontrás una excusa para alejarte, y sin embargo, acá estas. Lo cual me confunde. Esa inseguridad, no me deja ser yo misma. Siento que estoy desapareciendo, y no me gusta. Siento que no querés estar conmigo. O al menos eso me hace sospechar la manera que obras conmigo.
Tomé aire. Lo miré. Vi que lágrimas corrían por sus mejillas, y sus ojos estaban rojos. Suspiró. Acarició a nuestro perro. Ya no podía negarlo mas. Ni él. Ni yo.
Igualmente, de ilusa, guardaba una cierta esperanza. La esperanza de que nos elija, que me sorprenda, que se juegue por nosotros. Que tome en cuenta todo lo que habíamos construido, todo lo que había existido en tantos años compartidos, bueno y malo... Que me volviera a elegir. Que me dejara volver a entrar.
Se preparó para hablar. Mi corazón latía demasiado rápido. Cerré los ojos, por un segundo, y suspiré, como preparándome, aferrándome a ese pequeño haz de esperanza que quedaba en el fondo de mi interior.
- No puedo darte lo que me pedís Sofía. No sé porque después de tantos años, no puedo comprometerme con vos al 100%, no sé que me pasa, no se que es lo que me traba para seguir. No entiendo que me pasa, y me he puesto a pensar miles de veces que podría estar pasando pero nunca llego a una respuesta. Creo que lo mejor va a ser tomarse un tiempo.
- Un tiempo? Después de tantos años? No. Un tiempo no. Acaso no me amas? Me lo has dicho... Quiere decir que me mentiste? Hace 3 días me dijiste que estaba todo bien, y ahora me salís con esto?
- En ese momento lo sentía, por eso lo dije. Pero tenés razón, lo mejor sería terminar.
(Primer crash dentro mío)
- No te puedo seguir haciendo esto- prosigió- mejor terminemos. No nos estamos haciendo bien, ya esto no funciona. Pero son muchos años, y yo no te voy a dejar sola, vamos a pasar esta separación juntos. Siempre que me necesites voy a estar. Sos la mujer mas importante de mi vida, con la que he compartido muchas cosas importantes. Pero yo así no puedo más.
La lluvia comenzaba a caer afuera. Cada vez mas fuerte.
Me besaba la mano, me abrazaba, y mi piel era incapaz de absorber algo de su tacto. Solo sentía que me iba a quebrar en mil pedazos. Vi mi esperanza diluirse, y supe que nunca mas iba a volver. No al menos de manera verdadera. Siguió hablando. Abrazando. Yo me había encerrado en mi misma, hasta que me obligó a prestarle atención: Cuando levanté la vista, el ya estaba cambiando. El ruido de la lluvia era insoportable. El pecho me dolía y tenía la nariz tapada de tanto llorar, por ende respirar costaba. El también lloraba. No, no me inspiró compasión. En ese momento lo odié.
- Me voy Sofía. Hablemos mañana. Tratemos de descansar. Mañana, cuando estemos mas tranquilos, volvemos a hablar.
("Para qué? Que tendríamos que volver hablar? Descansar? Quien podría descansar cuando está transitando una ruptura? Cuando se siente tanto? Cuando te desbordas de tanto sentimiento? De qué me estas hablando Manuel?" Pensé)
Me dió un beso. Agarró sus cosas, y se fue, no sin antes decir:
- Encima llueve, carajo.
Como si ese fuera el problema mas grande. Cerró la puerta, y se hizo el silencio, solo la lluvia marcaba su presencia.
Me sumergí en la cama. Por un momento suspiré aliviada. Todo se había terminado. Mi angustia entre semanas, mi desconfianza, mis fantasmas, mis dudas, mi malestar. Se las había llevado con él al cerrar la puerta. Ya no iba a tener que preocuparme (que errada estaba) por esas cosas. Pero solo duró unos segundos, y luego ese alivio dió paso a una angustia infinita. A un dolor que desgarró mi pecho en mil partes. El "nosotros" se había extinguido, nuestras rutinas, mi relación con su familia, nuestras charlas, las risas compartidas, nuestra explosiva y maravillosa química, todo, absolutamente todo ya era pasado. Lloré. Lloré como nunca en mi vida. Quien yo sentía como el amor de mi vida, no me había elegido.
Mi cama, mi casa, mi cuerpo, impregnado de recuerdos, de golpe estaba vacío.
Afuera llovía. Es doloroso ser quien se queda queriendo. Es doloroso, ser quien pasa a ser pasado. Un escalofrío me recorrió el cuerpo.
Explotó. Exploté. En vez de fortalecernos, nos derrumbamos. Y no había nada, en este mundo, que yo pudiera hacer, para cambiar el presente que estaba transitando.
Los miedos se hacen realidad. El mío había cobrado vida. Y ganó. Nuestra relación se había terminado.
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