Una semana antes de que Manuel me dejara, me enteré (por él) que Mariela se había separado. Al darme la noticia, nos encontrábamos en la cocina, charlando de cosas varias. Fue como un baldazo de agua fría.
Se me cerró el pecho. Fue tanta la angustia que me agarró, que no pude evitar el nudo en la garganta, apenas podía emitir sonido. Luchaba con todas mis fuerzas por no llorar.(Mi cuerpo gritaba que iba a suceder lo inevitable)
Mientras tanto, el me seguía contando como ella le había comunicado lo mal que estaba con su pareja, y que bueno, la separación era inminente: Jugó la carta de pobre chica, y Manuel “no pudo” evitar querer ser su cable a tierra en todo este momento. Si, gran corazón el de Manuel.
Nunca supe bien que sucedió entre Mariela y su novio, pero el rumor que se corría, es que ella le había sido infiel. Nunca supe si fue verdad o no, tampoco quise ahondar demasiado, ya tenía demasiado entre mis manos.
Manuel notó mi cara larga.
- ¿Qué te pasa Sofía?
- Me preocupa el hecho de que Mariela se haya separado.
- ¿Otra vez con eso? ¿Acaso no confías en mí?- Me increpó
- Si, claro (mentí, sumisamente). No confío en ella, ya sabes que pienso- "(ni en vos)" pensé
- Bueno, si ella gusta de mi,¿ que puedo hacer? Es un problema de ella, no mío. No te preocupes amor. Nosotros estamos bien, son puro fantasmas tuyos.
Me abrazó y sonrío cómplice.
Me quedé en silencio. No, no confiaba en él. No tenía de que agarrarme para confiar en él, al contrario. La sentía tan adentro esta desconfianza, que ya me era difícil disimular lo que sentía.
Ese día hablé de la importancia de que intentáramos encontrar más espacios en común, de vernos más seguido, de estar más unidos. El hecho de trabajar de noche, mientras mi trabajo me permitía trabajar a cualquier hora (igualmente yo prefería hacerlo de mañana) hacía que estuviésemos viviendo al revés. La noche, trae tentaciones, todo se da más fácil, decía yo con mi voz más calmada (en realidad por dentro estaba desesperada), por ende era necesario que tratáramos de sortear como dice Soda Stereo, las “trampas del amor”.
El me miraba, y de golpe dijo: “No sé cómo aguantas… yo no sé si podría”.
Me quedé helada por esta frase. "¿Qué quisiste decir?" Pensé, pero no me animé a preguntar. Tampoco sabía cómo aguantaba. Me estaba inmolando en nombre del amor. Perdón, mejor dicho, me estaba inmolando en nombre de Manuel. La noche siguió normal, después de la charla, después de la noticia y así un par de días más.
Unos días antes del corte final, estábamos hablando por teléfono (milagro) y no sé cómo, no recuerdo en realidad como salió la conversación, terminamos hablando de las parejas que nacen de una infidelidad (La vida siempre te termina guiando hacia la verdad) y el dijo algo que me resonó mucho tiempo después:
-“Bueno… uno no puede elegir de quien se enamora, y si te enamoras de alguien comprometido, bueno, ¿que vas hacer?”.
Él dijo eso. Justo él, que hasta no hace muy poco tiempo condenaba la infidelidad, que me había dicho que jamás perdonaría semejante acto. Que consideraba de cobardes tamaña traición. Si él, quien una semana después me terminó dejando y a los días empezó a mostrarse con Mariela juntos y felices.
Así de rápido. Así de salvaje.
Me confirmaron mucho después el noviazgo de ellos (historia que contaré mas adelante). Yo por el momento seguía ciega. Ahora empieza mi parte en esta historia y los coletazos violentos que recibí mientras pasaba el duelo.
Al principio de la ruptura, escribía a modo de desahogo en mi cuaderno mis sentimientos, todo era “lo extraño, lo amo, ojalá todo se solucionara”… Así fueron las primeras hojas. En un momento todo cambia, y solo podía escribir con un odio muy profundo que nacía desde las entrañas mismas.
Al mismo tiempo, todo lo sucedido me impulsó a reencontrarme. Fue un camino de lo más turbulento, con traiciones, alegrías, odios, amores, de todo.
Empecé a transitar el camino del reencuentro que nace del desencuentro.

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