jueves, 22 de enero de 2015

Los Disparadores: Manuel Parte IV


Empezaba el segundo año de Manuel dentro de la empresa. Corría Febrero, y estaba planeada para el primer sábado del mes una mega fiesta a todo lujo. Prensa, famosos, todos estarían ahí. Era un gran momento para la empresa, sobre todo para Manuel, su primera vez en algo tan grande. La emoción lo invadía, estaba nervioso, contento, todo junto.

Lo bueno de esa fiesta, es que también estábamos invitadas las parejas, así que iba a poder compartir la noche con Manuel. No me importaba que el trabajase, iba a poder estar con él en ese momento tan emocionante, aunque sea a la distancia, y eso me era suficiente.


Llegue a la fiesta, nerviosa. Recorrí el salón con la mirada en busca de mi amor, y ahí estaba: En plena acción, sonriendo, haciendo “lobby” como él lo llamaba. Verlo tan cómodo, como pez en el agua me hizo sonreír. Al fin había llegado donde quería. Aunque ambicioso como era, sabía que pronto iba a querer más. Manuel no es un hombre que se detenga fácilmente. Siempre trabajando, con nuevas ideas, siempre con nuevos objetivos. Reconocimiento, dinero, y trascendencia. Ese es su leitmotiv.

En la fiesta conocí a las parejas de los compañeros de Manuel, hasta el novio de Mariela se encontraba. Todos hicimos buenas migas desde el principio. Yo estaba feliz. Por fin dejaba de sentirme fuera del mundo de Manuel. El me había dejado entrar.

(Leo estos párrafos y no me reconozco. Hoy, entiendo que era él quien me alejaba todo el tiempo de su lado. Y ese rechazo, que yo no llegaba a percibir como tal, fue lo que también contribuyó a la inseguridad que me iba a ahogar después) 

Una vez que terminó la fiesta, y los invitados se retiraron en su totalidad, nos armaron una mesa para nosotros. Nos sentamos dispuestos a festejar el éxito de la noche.

Seguía charlando con las chicas (el novio de Mariela se había retirado por unos segundos), y mientras charlábamos, íbamos pegando cada vez mejor onda.

Llegaron nuestros respectivos, y Manuel se sienta a mi lado.

-  Felicitaciones amor, estuvo perfecta la fiesta. Te luciste. Me encantó.- Dije.
-  ¿En serio te gustó? ¿De verdad salió todo bien? Qué bueno, estaba muy nervioso.
-   No se te notó nada. Estuvo fabuloso. Quédate tranquilo.

Me sonrió y me dio un tierno beso. Todo el amor, en tal solo un roce de labios. (Que lejano se siente todo eso ahora.)

Todo transcurría entre risas y charlas hasta que llegó Mariela junto a su novio. Se sentó al lado de Manuel. Enseguida se puso a charlar con él, casi en voz baja, como susurrando, lo cual me llamó la atención. El novio estaba a su lado, sin embargo,lo ignoraba. Estaba muy concentrada en Manuel. Charlaban pavadas, por lo que llegué a escuchar. Pero no desviaba su interés en hablar con él.

Me llamaba mucho la atención que ella le dispensaba a Manuel. Pero decidí no decir nada.  Estaba un poco perdida a decir la verdad, parecían grandes compinches, sin embargo Manuel me había hablado tan mal de ella… “Bueno, tal vez, está fingiendo en pro de llevarse bien, de mantener las formas, por trabajo” Pensé.

La noche llegó a su fin, y nos despedimos. Con las otras novias intercambiamos teléfonos, y nos dispusimos cada uno a partir. Saludé a la Mariela a su novio (quienes ya se habían alejado del grupo), y con Manuel nos subimos a un taxi que justo pasaba.

Ya dentro del móvil, Manuel me dice: “¿No son re copados los chicos?” “Si, las novias también, la verdad que la pasé muy bien. Estoy muy contenta de haber venido”.

Él tomó mi mano, y fuimos a mi departamento,  donde la noche terminó mágicamente entre las sábanas. Recuerdo lo feliz que me fui a dormir esa noche. Sentía que él me había dejado entrar a su mundo. Había dejado de sentir el rechazo encubierto. Al contrario, nos sentía unidos.

Todo estuvo bien por un tiempo. El se comportaba como el novio ideal, yo me encontraba feliz... hasta que empezaron los problemas. Así fueron nuestros últimos dos años, al menos para mi, como estar arriba de una montaña rusa de emociones. La cual me dejo exhausta. Lo cual me dejó fuera de mí...

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