martes, 3 de febrero de 2015

Intervalo II



Cuando vi a Manuel y Mariela caminar de la mano al poco tiempo de nuestra separación, fueron como miles de puñales atrevesandose lentamente en mi espalda. Me quedé parada, ahí, a la vista de cualquiera, completamente sorprendida. Eran una pareja. Tomados de la mano, ella riendo de algo que el le susurró al oído, el con un paso tranquilo, decidido. Mientras yo simplemente no podía hacer ningún movimiento, era como si me hubiesen clavado en el piso, como si me hubiesen robado el aire.  El cadáver de mi relación todavía no estaba frío, pero el ya había rehecho su vida. Ya eramos pasado, borrón y cuenta nueva. 

Teniendo en cuenta, que Manuel siempre fue un hombre de tiempos, caí en que la relación con Mariela se había desarrollado, aún cuando estaba todavía conmigo.

Porque lo conocía, sabía que me había estado mintiendo por largo tiempo. Porque lo conocía,  sabía que aquel que paseaba de la mano con ella, no tenía nada que ver con la persona que yo había amado.

¿O sí?

Volví a mi casa mientras llovía copiosamente sobre Buenos Aires. Al parecer, los momentos movilizantes con Manuel, iban a estar marcados por la lluvia. Algo así como si el cielo llorara conmigo. La solidaridad de las almas de todo el mundo, que estuviesen pasando por lo mismo, tal vez. 

Me senté frente a mi computadora, y utilizando mi don en nombre del mal, le escribí el desahogo mas hiriente, mas lleno de bronca, cargadisimo de dolor, de desamor, de desilusiones, que alguna vez haya escrito. Jamás pensé que iba a poder sentir tanta ira contra alguien. Ira. Bronca. Odio. Del amor intenso, pasé al odio desmedido. En un segundo de lucidez, me di cuenta de la tristeza que esto me causaba.

Claro, al atacar, recibí el contraataque, y con artillería pesada:

"Ya no te amo, no estoy enamorado de vos. No te debo nada. Tengo todo el derecho a rehacer mi vida, sin darte explicaciones. Lamento que te sientas así, pero yo ya no puedo hacer nada."

Si. Si podía hacer. Podía cuidar las formas. Podía haberme dicho la verdad. Podría haber actuado como un hombre, y no engañarme a mis espaldas. Podría haberme amado un poco más. Podría haberse ido cuando se sintió enamorado de ella. Podría haberme soltado cuando se lo pedí. Podría haberse jugado, construido, dar la oportunidad de que crezcamos. " Sí, muchas cosas podrías haber hecho... pero sobre todo, no solo pensar en vos. Podrías haber sido menos egoísta. Podrías haber valorado un poco mas lo que existía... podrías, pero tan solo quedó en el no intento." Dije en voz alta. 

Seguí leyendo su contestación... Todo sonaba a mentiras. Una mentira, como la que yo vi caminando de la mano aquella tarde,  pone en duda mil verdades. Ya no podía creer en nada: lo que alguna vez dijo, nada de lo que alguna vez demostró.

Sentí años perdidos. Sentí una confianza rota. Sentí una desilusión enorme. Sentí ganas de golpearlo, hasta sentir que me quedara vacía de dolor.
Alguien que yo había amado mas allá de cualquier límite, hoy, me inspiraba tantos sentimientos oscuros. "Que gran pena", dije para mis adentros.

Sentía que estaba viviendo un sueño... Mas bien una pesadilla. Mi entorno me decía que lo deje en manos del tiempo... El tiempo me trajo sus primeras fiestas juntos, sus primeras vacaciones... El tiempo no fue un gran amigo. Me siguió cacheteando con la realidad. Ellos estaban consolidados. Para él, yo, lo nuestro, los años, ya no existían. Que chiste tan macabro. Que tiempo tan tirano.

Mientras, mi duelo seguía sintiéndose a flor de piel.

Como dije anteriormente, es difícil, ser quien se queda queriendo. El duelo se siente como una herida de cirugía que se trata de tapar con un apósito. Imposible.

"No sé como soportas" Dijo Marina. "Soporto, porque sé, que simplemente hay que seguir avanzando. Porque sé, que nadie muere de amor, y porque sé, que el dolor tiene fecha de vencimiento."

Estaba decidida a salir adelante, en medio de tanto drama. Al fin de cuentas, la flor de loto, de extrema belleza, nace en los lugares mas oscuros y pantanosos. Yo iba a ser esa flor de loto, y de a poco iba a encontrar mi camino hacia los rayos del sol, para terminar de pulir mi belleza.

Ni él, ni ella, ni nadie, se iba a robar mi instinto de supervivencia.

"Vas a estar bien Sofía... Vas a estar bien" Lo sentía así dentro mío. Solo estaba aprendiendo. Este camino era necesario. Mi misión en esta vida, era mucho mas importante que todo esto. Pero debía transitarlo.

Notaba que un fuego interior se estaba encendiendo, y cada decepción que el me brindaba, era combustible puro para alimentarlo.

Terminé renanciendo de mis cenizas, paso a paso. Lentos y sin prisa... 

Aprendí  abrir los ojos del alma, mirar mas allá de lo terrenal, y mirar hacia dentro. El cuerpo habla miles de idiomas, de miles de maneras, hay que estar bien presente en uno para no perderle el rastro. Para saber entenderlo, entenderte.

Yin y yan. Dolor, placer. Oscuridad, luz, tristeza, alegría. Para que la vida sea vida, los opuestos deben existir.

En la comunión de los opuestos, radica la magia  y la sanación de la existencia de uno. 

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