Una de las cosas malas y buenas de estos tiempos son las redes sociales. Por suerte (y mala suerte), nos llevan a estar super comunicados, que al terminar una relación de años es perjudicial para la salud. Durante años, uno empieza a cosechar contactos en común y cuando te querés dar cuenta, compartis la mitad de tus "amigos" con tu naranja (diría media, pero no creo en las medias naranjas, sino en que somos (fuimos) dos naranjas dentro de la misma bolsa)
Al terminar con Manuel, esto se transformó en un dolor de cabeza. Su comportamiento no fue bueno desde el vamos, por ende me enteraba de sus andanzas sin querer, y queriendo. Empecé a eliminar gente muy querida por mi, eso forma parte del duelo también: la "división" de la gente que se quiere.
Siendo como soy, no iba a luchar demasiado contra eso. Necesitaba liberarme del lastre de Manuel rápido, ya que me daba cuenta que cada día que pasaba me decepcionaba mas y mas con su comportamiento.
A medida que lo observaba caí en la cuenta de algo: Jamás lo conocí realmente. El sí me conocía excesivamente. Lo decía siempre a modo de broma: "Te conozco desde que eras así de chiquita, desde antes que nacieras". Al parecer si, porque me tenía los tiempos tomados, y creo que olía mis diferentes reacciones, las posibles que podían existir.
El se hacía, pero estoy segura que medía mas de lo que la gente se podía imaginar. Lo veía: No daba puntada sin hilo, todo tenía un fin detrás, todo llevaba una razón de ser y debía ser para su conveniencia, sino quedaba completamente descartado.
Manuel no solo es ambicioso, sino que también manipulador, frío y en su escala de valores, primero está él, luego él, y por último él. Que en el mundo de los negocios esto es completamente benefactor, en las relaciones personales, no tanto.
Nada, absolutamente nada, del Manuel que alguna vez yo conocí, vivía. Quien era esa persona, todavía sigue sin aparecerme la respuesta.
Me contaron de su nueva vida: Ahora amaba el aire libre, declarar públicamente en cuanta red social se lo permitiera, su nueva felicidad, las cenas con amigos, sacarse fotos todo el tiempo, hacer pública su vida privada. Faltaba la selfie en el baño, y ya teníamos a Manuel 2.0 listo para demoler las redes sociales.
Era como un bomba de corazones a punto de estallar. Casi diabéticamente dulce. Que lindo es que la gente se quiera.
Lejos del sarcasmo, no podía salir de mi asombro. Su comportamiento me hacía notar y confirmar algo: ¿Si no me cuidó mientras estábamos juntos... Por qué lo iba hacer ahora? Tonta yo, que seguía esperando un ápice de decencia en su mente nublada de "amor".
Soy de la idea que lo que nace del engaño, muere en engaño, y sospecho que la historia de Manuel no va alejarse demasiado de la regla, aunque las excepciones existen. Digamos, que por una cuestión karmatica, le deseo lo mejor. Alguna vez lo quise bien, así que merece el buen deseo de alguna manera.
Me sentí humillada debo reconocer. Ver que el hacía con Mariela, todas aquellas cosas que a mi me gustaban hacer pero que no hacía con él, porque según sus palabras "no le gustaban, prefiera hacer otras cosas" Como por ejemplo, pasear una tarde por algún parque y llevar a nuestro perro para que disfrute.
Pero con Mariela si. Salir. Amo salir, es mas, desde que estoy soltera, no dejo de salir... El decía siempre estar cansado, o no tener dinero... ¿Las cosas hubiesen sido distintas si el me hubiera acompañado en las cosas que me gustaban hacer? Les debo la respuesta. Nunca lo sabremos.
La realidad, es que sentí que no era que no gustase de esas cosas, sino, que no quería hacerlas conmigo. Lo cual, me lleva a la pregunta que me va picar la mente hasta que el tiempo decida borrarla para siempre de mi memoria: ¿ Qué hacía conmigo, entonces? Misterio. Podemos pensar que me quería, pero realmente dudo que alguien que quiera, pueda comportarse tan miserablemente con la otra persona. Menos que menos, engañarla o mentirle.
Luego de enterarme de la nueva(?) personalidad de Manuel, junto con sus intereses, tomé una de las mejores decisiones de mi vida. Bloquee, borré a cualquier persona que pudiésemos tener en común. Agarré, borré todas las fotos que hubiese en cyberespacio que pudiesen unirme a su persona, no quería saber nada con él. Expliqué a mi entorno, que a partir de este momento, quedaba completamente prohibido traer su nombre a colación, y para darle un toque de dramatismo al estilo Hollywood, hice un fuego y tiré en él cada una de las fotos que tenía con el juntos.
Sí. Así de "violento" fue mi despego. Es que realmente mi indignación rasguñaba las nubes. Soy una mujer que necesita
Mientras las fotos ardían, miré hacia el horizonte, y sentí como de mi ser comenzaba a despegarse las huellas de sus caricias. Su voz se iba con el viento, y sus besos... No, ya no recuerdo sus besos. "Que bueno, algo menos que mi cuerpo tiene que procesar", pensé.
En un momento divisé su rostro en unas de las fotos. No lo reconocí. Luego el fuego se lo devoró en cuestión de segundos. Ojalá pudiera hacer eso dentro mío. Devorarlo y que no queden rastros.
Sabiendo del poder purificador del fuego, supe que seguía sanando. Gabriel, las cartas a Lucy, el comenzar definitivo de mi desapego solo marcaban algo inevitable: Luego de haber sido, la que se quedó queriendo, estaba comenzando a ser quien comenzaba a recibir la sanación y la bendición del olvido.
"Ya era hora... Estoy lista." Dije mirando al sol que se ocultaba en el horizonte.
La mochila cada vez se sentía mas liviana, y el espíritu cada vez mas en paz.

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